Escultura: Los Derviches y sus joyas, de Vicente Gracia
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Cuentos por BELÉN BOVILLE

Cornucopia

Érase de un viejo ciego y pobre cuya
música alumbraba su rostro,
que siempre parecía feliz.

El aire seco traspasaba su instrumento,
un cuerno de cabra hispánica, y sonaba en
los valles como una dulce melodía.

A él acudían los campesinos con flores y frutas,
y las aves con diamantes y rubíes, y las bestias
del bosque con fragmentos de oro y pequeñas esmeraldas
que titilaban a su alrededor, prendidas en las notas musicales.

La música del cuerno de la abundancia impregnaba
cada rincón de armonía y prosperidad.
No hacía falta nada más.

 

El Montgó

Se desgajó el Montgó de Xàbia
para jugar con las Pitiusas,
islas de almendros y caracoles.

Llovieron cien días y cien noches
mientras los dioses decidían si debía navegar la ínsula
o amarrarse a tierra firme.

Un trueno quebró las aguas y el dios de los mares
surgió entre las rocas,
arrastrando el monte díscolo
y un piélago de atunes y galeras, cangrejos y pechinas
que titilaban como estrellas.

Los olivares se abrieron
y se escurrió la mar entre los cantos y las piedras,
y allí quedó. Plantado.

 

El caparazón

En la noche de los tiempos
de la dulzaina y el laúd se miraron tristones
y una pandereta empezó a brincar.
Los cuerdos salieron de su letargo, ebrios de baile.

El viejo guerrero se levantó dando saltitos.
Parapetado tras su escudo de cuarzo limón
agitaba el caparazón del insecto que había llegado a ser.

Reíase de los que contemplaban su rareza,
atrapados en su propia tela de araña,
ciegos de ilusión.

Los Derviches y sus joyas, de Vicente Gracia from Juana Roig on Vimeo.